No. No me han diagnosticado una enfermedad terminal. Aún no. Aunque hoy me hicieron una analítica. Quién sabe qué pueden descubrir en mi sangre… Los últimos días de mi vida son eso. Los últimos días de mi vida: hoy, ayer, antes de ayer, antes de antes de ayer…
Afortuna
damente, he encontrado ocupaciones que me han tenido muy entretenida. He pintado -por fin- mi dormitorio, he limpiado mi casita, he paseado con Kyna por caminos que aún estaban sin explorar, he dormido, he cocinado, he arreglado mi jardín, he bailado casi hasta el amanecer, he disfrutado de mis amigos y… ¡¡tachán!! ¡He tenido otra primera cita! Tomé el mejor té de mis últimos meses y disfruté de este paisaje como si lo viera por primera vez. Tres horas de agradabilísima charla en las que vimos anochecer y un pensamiento: aún quedan hombres, sí señor. Me gusta mucho. ¿Le gustaré yo a él?
Y hoy, en mi pueblo, hemos sufrido el diluvio universal. Parece que había algún tipo de alerta. Yo, como ni veo la tele ni escucho las noticias, no me entero de nada. Estuve en la capital haciendo unas gestiones y hacía un sol de verano; sudaba la gota gorda. Pero cuando regresé a mi pueblo, unas nubes negras por allá por las montañas amenazaban lluvia. Entré en el supermercado con el sol todavía fuera y, poco más de media hora después, al salir, las calles estaban completamente anegadas. Parecía que el cielo se había propuesto ahogarnos en menos de diez minutos. Y casi lo consigue. Alcantarillas reventadas, piedras rodando por la carretera, torrentes que bajaban por las pendientes como si fueran ríos. Un espectáculo que por un momento me hizo olvidar otra gran alegría: tengo nuevo trabajito del que me encanta. Empiezo el lunes. Y yo que hoy había ido a la oficina de empleo a renovar la prestación… jeje. La vida me sonríe y yo no paro de sonreírle a ella.
Mañana tengo fiesta de disfraces en casa. Un pequeño experimento. A ver qué tal sale. Aún no sé quién vendrá y a algunos de los que vienen no los conozco. Una aventura. Seguro que, como mínimo, me dará algunas anécdotas que contar.
No te puedes quejar de nada, Raquel.
Veo un horizonte lleno de felicidad: alguien a quien cocinar, niños por el jardín… En fin, mucha suerte.
Un beso.
No, no; no me quejo, faltaría más… ¿de verdad ves ese horizonte? Ay, qué nervios, madre mía… pero si solo ha sido una cita… jajaja. Aunque te confesaré una cosa: estoy deseando que haya una segunda.
Me alegro un montón, genial la foto, jooo yo quiero ir… ¿dónde está?
¿Te gusta? Pues si hubieras estado allí ayer… llegué antes que él. Me senté en la terraza, me pedí un té y comencé a disfrutar. Tenían una música de fondo muy agradable. Algún tipo de jazz fusión. Eran las seis y comenzaba a caer el sol, así que el cielo, que no tenía ni una nube, empezó a tomar unos tonos rojizos. Tres gaviotas se lanzaban contra la superficie del mar. No hacía ni frío ni calor. No hacía viento. Idílico, vamos, jajajajaja. Es un rincón muy conocido de la isla de Gran Canaria porque se celebran ahí unos campeonatos de Windsurf muy importantes, así que lo normal es que esté totalmente del revés: lleno de olas inmensas y con un viento insoportable, pero ayer, ayer era mi día.
Cuánto me alegro de que todo salga a pedir de boca.
Aprovecha que tienes, como decimos por aquí, el santo de cara.
Y a disfrutarlo.
¡¡¡Canarias!!!
claaaaaaro, no podía ser de otro sitio… que preciosidad de escena has descrito, a ver cuando se puede y marchamos a conocer más islas…
Barrenado, muchas gracias. Espero que dure mucho y sí, sí. A disfrutarlo.
Jajaja. Txispas, ¿no sabías que soy una “dulce” canaria? Cuando vengas tendremos que tomar algo juntas (cuento con la Txispas family al completo, claro, jeje).