Acabo de ver El marido de la peluquera, película de la que he oído hablar mucho últimamente. Y lo único que se me ocurre en estos momentos es que igual me tenía que haber lanzado al río hace algún tiempo, cuando aún quería y me querían. Jodidas hormonas.
El pasado pasado está.
Nunca hay que cerrar las puertas.
A veces hay que cerrar las puertas para que no entren las cucarachas. Sobre todo ahora en verano…
si, probablemente cuando querías, si es así, y, esto si es así, cuando te querían
Te veo dolido, Antonio, y eso no es muy bueno, pero ya pasará.
Vivan las hormonas! Porque son ellas las que te recuerdan que estás viva (gustan cuando no te afectan demasiado).
Oye, pues yo casi casi que preferiría que desaparecieran las puñeteritas… no, no, es mentira… ¡a ver si ahora van a tomar represalias!